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Una isla donde el paisaje volcánico y la intervención humana han encontrado un equilibrio poco común.
Lanzarote es la más nororiental de las Islas Canarias. Su territorio ha sido modelado por violentas erupciones, que han dejado extensiones lávicas, cráteres y un paisaje que en algunos tramos parece pertenecer a otro planeta.
Pero Lanzarote no es solo naturaleza: es también la isla que César Manrique eligió como laboratorio, transformando cuevas, rocas y panoramas en espacios donde arte y paisaje conviven sin superponerse.
El Golfo y el lago verde
En la costa oeste de la isla, El Golfo es un antiguo cráter volcánico parcialmente sumergido en el océano. En su interior se ha formado una laguna de color verde intenso — el Charco de los Clicos — cuyo color proviene de algas microscópicas.
El contraste entre el verde del lago, el negro de la lava y el azul del océano crea uno de los paisajes más fotografiados de Lanzarote.
No es un lugar para bañarse, sino para observar. A pocos minutos se encuentran Los Hervideros, lo que hace natural combinar las dos visitas en un mismo recorrido por el sur de la isla.
El Parque Nacional de Timanfaya

Timanfaya es el corazón volcánico de la isla. Las erupciones de los siglos XVIII y XIX crearon aquí un paisaje de lava solidificada, conos volcánicos y colores que van del negro al rojo al ocre.
Dentro del parque se encuentra el Restaurante El Diablo, diseñado por Manrique, donde el calor del subsuelo se utiliza directamente para cocinar — una de las pocas demostraciones concretas de cómo la isla sigue viva bajo la superficie.
Jameos del Agua y Cueva de los Verdes

Ambas nacen del mismo túnel lávico formado durante las erupciones del volcán La Corona. La Cueva de los Verdes es un recorrido subterráneo de más de seis kilómetros, con formaciones rocosas y juegos de luz que cambian la percepción del espacio.
Los Jameos del Agua son la parte transformada por Manrique — una cueva con un lago interior conectado con el océano, habitada por cangrejos albinos adaptados a la oscuridad, y un espacio donde la roca, el agua y la arquitectura se fusionan.
La Geria y los viñedos sobre la lava

La Geria es uno de los paisajes más particulares de Lanzarote. Las vides crecen en pequeños hoyos excavados en la ceniza volcánica, protegidos por muretes semicirculares de piedra que las defienden del viento. El resultado es un paisaje geométrico y casi silencioso, donde cientos de hoyos salpican el terreno oscuro.
Aquí se producen algunos de los vinos más característicos de Canarias, entre ellos la Malvasía. El Grifo, la bodega más antigua del archipiélago, se encuentra en esta zona y es visitable.
El arte de César Manrique
Manrique dejó en la isla una serie de intervenciones que no parecen construcciones, sino extensiones del territorio.
La Fundación César Manrique, su casa-estudio construida dentro de burbujas de lava, es quizás el ejemplo más completo de su enfoque — espacios interiores que siguen la forma natural de la roca, sin forzarla.
El Mirador del Río es un punto panorámico escondido en el acantilado norte de la isla, con cristaleras que enmarcan la vista sobre La Graciosa.
El Jardín de Cactus, última obra completada antes de su muerte, es un anfiteatro natural con más de mil especies de cactus.
Las playas
Lanzarote tiene playas muy distintas entre sí. Playa de Papagayo, en el sur, es una serie de bahías protegidas con arena dorada y aguas cristalinas — entre las más bonitas de la isla.
Playa Famara, al norte, es larga y ventosa, muy querida por los surfistas y con un paisaje más salvaje.
Playa Blanca, cerca del puerto, es más organizada y adecuada para familias.
Los pueblos
Teguise, antigua capital de la isla, tiene un casco histórico con arquitectura colonial y un mercado dominical muy concurrido. Haría, en el norte, es el pueblo donde Manrique vivió sus últimos años — rodeado de palmeras y con una atmósfera más recogida que las zonas turísticas.
Cuándo ir
Lanzarote se puede visitar todo el año. La primavera y el otoño ofrecen el mejor equilibrio entre clima y afluencia. El verano es más cálido y concurrido. Entre febrero y marzo el viento puede ser intenso.




